Toda la información de los actores argentinos
Nuestros Actores
Crítica: "Graba"

El director Sergio Mazza construye un relato angustiante de una joven inmigrante en París, una "ciudad luz" que puede tornarse sencillamente oscura.  


Por Silvina Herrera

Grabar cosas que quedan grabadas, así explica Sergio Mazza el título de su tercera película que participa de la Competencia Internacional en la 26° edición del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata y que cuenta la historia de María, interpretada por Belén Blanco, una joven argentina perdida en París, aislada, escapando de algo que nunca se dice pero que se percibe en sus largas caminatas por una ciudad fascinante y hostil, en sus silencios mezclados con un lenguaje otro en el que se siente incómoda, en la angustia de su inercia para enfrentar la cotidianeidad.

María paga una habitación en la casa de un joven parisino (Antoine Raux) divorciado y con un hijo, y busca por todos los medios conseguir la habilitación para poder seguir trabajando en una fábrica textil, pero los papeles tardan en llegar y la echan. Para mantenerse le propone a su inquilino, que se dedica a la fotografía, posar desnuda para él. Las sesiones terminan con exageradas escenas de sexo y con el intento de una relación que no logra transcender la atracción física, en medio de juegos de poder que se adivinan. El dueño de casa le pide varias veces que se vaya, para que él pueda quedarse a solas con su hijo. En ese no saber a dónde ir, la joven deambula por una París sombría en paralelo con su estado de ánimo, la cámara la sigue y se detiene en su inmovilidad, en su quedarse quieta mirando el río desde el puente, sentada o parada, esperando otra vez que llegue un momento o una palabra que haga que se sienta satisfecha.

Esas imágenes urbanas cruzadas con la angustia existencial logran crear un ambiente muy logrado de desolación, aunque haya quizás una intención forzada en dejar abiertas las situaciones lo que deriva en escenas que no terminan de cerrar, de definirse o profundizarse como el tema del aborto que es tratado como al pasar, sólo como un punto más que genera tristeza. La falta de conexión con las personas se transmite a través de una ciudad que la mayor parte de las veces aparece sin gente, como si los demás estuvieran borrados de la mirada que la protagonista tiene de la realidad, y también a través de sus problemas para comunicarse en francés y ser entendida por los otros, un juego de lenguajes y silencios que dan cuenta de su vida interna.

En sus dos películas anteriores, El amarillo y Gallero, el director había transitado espacios rurales. Esta vez decide situar su película en una ciudad tan romántica e idealizada como Paris, pero que aparece desde un costado más humano y adverso. A pesar de todo, Graba construye un mundo cinematográfico que consigue quedarse en la memoria.
 

Escribir un comentario

Código de seguridad
Refescar

Get Adobe Flash player

CINE

TEVE

TEATRO

ENTREVISTAS