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Leonor Manso y Daniel Fanego


"Es una bendición que nuestro arte sea efímero"                                   



Por Mariano D'Andrea*

 

Por primera vez, estos dos grandes de la escena contemporánea coinciden en un escenario. Sin embargo, la complicidad que revelan sus miradas y sus silencios dan cuenta de que Leonor Manso y Daniel Fanego son viejos conocidos que se admiran profundamente y que comparten una misma manera de encarar la profesión: esquivando los escándalos y haciéndole frente a los desafíos. Esta vez, les toca ponerse en la piel de Enrique II de Inglaterra y su mujer, Leonor de Aquitania, en la obra El león en invierno, que dirige Pompeyo Audivert en el teatro Regina - Tsu.

–¿Habían visto la película de 1968, protagonizada por Katharine Hepburn y Peter O'Toole?
LM: –Sí. La película tiene lo que te permite el cine: batallas, castillos, mucho despliegue… Pero debo decirle, sobre todo a la gente de mi generación que también la vio, que la gracia de la obra es que todo lo que ocurre entre los personajes es mucho más concentrado y más potente. La película es más romanticona, y creo que Pompeyo lo que ha conseguido, porque la versión de Fernando Masllorens y Federico González del Pino sobre el texto de James Goldman, lo permite, es algo más extremo: estos personajes están encerrados en su circunstancia.
DF: –Justamente el tema del encierro es crucial. El rey ha decidido que van a permanecer todos los personajes ahí, hasta que se pongan de acuerdo sobre quién será su sucesor. Además, la teatralidad está presente todo el tiempo: se habla de Hamlet, de Lear… Pompeyo toma esas alusiones y nos permite romper esa cuarta pared, salir del naturalismo para pasar a una secuencia más reveladora de la maniobra teatral.

–Más allá de estar ambientada varios siglos atrás, la obra toca un tema que sigue siendo universal: cuánto les cuesta a los que ejercen el poder dar un paso al costado.
LM: –Es cierto. No me había puesto a pensar en eso... De todos modos, no estoy muy segura de que hoy en día ocurra este fenómeno con la misma magnitud que en tiempos de monarquía. Sí siguen existiendo, por supuesto, las intrigas y la lucha por el poder. Lo que deberíamos preguntarnos es por qué y para qué el hombre quiere el poder. Y, en realidad, es sobre eso que reflexiona la obra.
DF: –Tengamos en cuenta que lo que representaban tanto Enrique como Leonor es el proto-capitalismo occidental. Ellos son dueños de tierras, no son dueños de los votos populares, han subido a sangre y fuego y así se sostienen en el poder. Con todo, son dos monarcas bastante modernos para su época.

–¿Cómo es Leonor?
LM: –Una mujer increíble. En el momento en el que transcurre la obra, ya tiene 60 y él once años menos. Pero es una mujer que desde muy joven tuvo que valerse por sí misma. Además, era una persona con un sentido de la libertad muy particular, sobre todo en lo concerniente a las relaciones y al amor. Ellos, casados, estuvieron muy bien durante 14 años y a ninguno le importó que el otro tuviera aventuras. El problema surge cuando él se "encamota" con una mujer y quiere sacar a la reina del medio…  Diez años presa, estuvo.
DF: –Era la única manera que Enrique encontró para que se quedara quieta… Porque era realmente una quilombera.
LM: –Eso es lo interesante; que el vínculo entre ellos es muy fuerte, tanto por lo que pasaron juntos como por lo que fueron capaces de construir. Se tratan de igual a igual. 

–De hecho él podría haberla mandado a matar…
DF – ¡No! Para él es inconcebible. Creo que en el fondo ellos se aman.
LM: –Yo no estoy tan segura. No sé si lo que ellos sienten es lo que nosotros podríamos catalogar como amor, pero sin dudas el vínculo que tienen es muy fuerte. Y eso se hace evidente en el último diálogo que mantienen. Es muy conmovedor.

–¿Es gracias a que se hace foco en ese vínculo que la obra cobra un mayor grado de intimidad?
DF: –Sí. El autor alude a cuestiones más íntimas de esta familia, en la que hay muchos dolores y pérdidas muy importantes. Esto se debe a que Enrique y Leonor han sido una pareja muy duradera y prolífica; tuvieron diez hijos… Luego intervienen, sí, las cuestiones territoriales cuando aparece la Iglesia, con Thomas Becket a la cabeza, que controlaba los tribunales y la cultura. Allí Leonor toma partido por Becket, dando comienzo a los enfrentamientos en el matrimonio, que luego son llevados al campo de batalla. Además, Enrique tiene una amante, Alix, a la que pretende poner en el trono.

–En definitiva, entonces, el gran enfrentamiento se suscita cuando él quiere remplazarla por una mujer más joven…

LM: –(Risas) No sólo eso: también quiere remplazar a sus hijos en el orden de sucesión a la corona…
DF: –Él quiere buscar otros herederos y a la vez se siente amenazado y traicionado a partir de que ella se alía con Becket. Todo culmina, como contaba Leonor, con ella en prisión y con el exilio de los hijos, Godofredo y Ricardo, mientras que Juan queda a la crianza de Enrique. Entonces, mi personaje intenta imponer la sucesión a nombre de Juan mientras que ella brega por que el sucesor sea Ricardo. Ese es el instante histórico en el que transcurre esta historia.
LM: –Lo que se pregunta el autor es qué le sucede a ese hombre que es consciente de haber creado un reino increíble a través de sus conquistas. Y la duda de Enrique es qué va a pasar con todo eso cuando él ya no esté. Ese mismo planteo es el hoy que se hacen, por ejemplo, los empresarios y algunos artistas, como los plásticos y los músicos: "Bueno, yo me voy a morir, pero quiero que esto continúe."

–¿Y a los actores?
LM: –No, los actores no. Y para mí es una suerte que nuestro arte sea efímero. Es más, podría decirte que me gusta el teatro por eso.
–¿Por qué?
LM: –Porque solamente las personas que vieron una función y se emocionaron van a llevarse algo; pero cuando esas personas mueran, no queda ningún recuerdo de aquel momento. Y eso es lo que me gusta; ese acto de comunión.

–¿Y cómo es la experiencia de ser dirigidos pro Pompeyo Audivert?
LM: –Un placer…
DF: –Pompeyo es uno de los directores contemporáneos más importantes y una de las personas con las que he trabajado con más alegría y felicidad. Que él esté al frente de este proyecto para mí es muy significativo. Y por supuesto, que la reina sea Leonor Manso es un honor. En este oficio, estar al lado de gente a la que respetás y admirás, tanto artística como ideológicamente, hace que la tarea sea mucho más sencilla.
–Entonces, debemos entender que se han llevado bien arriba del escenario…
DF: –Hay un superobjetivo que está por encima de las pelotudeces que pueden aparecer a diario. Y esas pelotucedes existen, porque estamos en pleno proceso de ensayos, y toda la energía de los reyes nos baja a veces y nos agarramos de los pelos… (risas) Pero es maravillosa la tarea que venimos haciendo. Ahora nos falta saber cómo lo recibe el público. 
 

"La calle nos encontró muchas veces juntos"
–¿Recuerdan cuándo fue que se juntaron por primera vez en un escenario o frente a las cámaras?
DF: –Arriba de un escenario, esta es la primera vez. Sí hemos participado los dos, por ejemplo, del ciclo Teatro X la Identidad, pero en distintas obras. Sin embargo, nos conocemos hace muchísimo tiempo y hemos compartido varias marchas y convocatorias que los dos hemos considerado justas… La calle nos encontró muchas veces juntos, pero los escenarios no. Supongo que por eso, por las dos cosas, cuando nos propusieron hacer la obra junto al otro, no pudimos negarnos. Siempre me acuerdo de algo que una vez me dijo Leonor: "Cuando la gente está en la calle, yo siempre quiero estar ahí."
LM: –Es cierto. Nos conocemos mucho, sabemos cómo piensa el otro; nos respetamos, pero no nos ha tocado la suerte de coincidir mucho en el trabajo. Con algunos compañeros pasa eso; pero por suerte se nos dio esta oportunidad. Si mal no recuerdo, en cine, la primera vez que trabajamos juntos fue en 2009, en Perú, en la película Los condenados, del catalán Isaki Lacuesta.
DF: –En tele, compartimos algunas pocas escenas en Resistiré, porque nuestros personajes casi ni se cruzaron: yo era el padre de Julia (Celeste Cid), la protagonista, y ella la madre de Martina (Carolina Fal), la antagonista.
LM: –Y en Tratame bien participamos, pero en distintos momentos. Sin embargo, ninguno de los dos tenía dudas de que arriba del escenario íbamos a funcionar muy bien.
DF: –En 1973, antes de que yo me decidiera a ser actor, la vi a Leonor, junto con Alfredo Alcón, Alicia Zanca, Roberto Castro, Alicia Bruzzo y tantos otros compañeros talentosos en Las brujas de Salem, dirigidos nada menos que por Agustín Alezzo. Esa fue la primera vez que yo sentí en mi corazón la certeza de que quería estar encima de un escenario, de que ese era mi lugar.
LM: –Nunca me habías contado…
DF: –Bueno, te lo estoy contando ahora…

 
Los que vienen atrás
–Los dos tienen hijos que se dedican a la actuación, Paloma Contreras y Manuel Fanego (integra el elenco de El león en invierno). ¿No sienten que de alguna manera esa es una forma de trascender en los escenarios?
DF–Los hijos son una trascendencia de por sí. Que un hijo haya elegido el mismo trabajo que uno es muy emocionante y conmovedor. De todos modos, ellos tienen que hacer su propio camino.
LM– A mí me pone muy feliz que Paloma haya encontrado su vocación. Uno se da cuenta cuando es un capricho de un ratito y cuando se trata de una pasión para toda la vida. Además, por suerte, en ese camino también prueba y comprueba que ella es útil para aquello que eligió.
–El elenco está conformado por varios actores jóvenes. ¿Cómo es trabajar con ellos?
DF– Jóvenes y talentosos: Sergio Surraco –que es el mejor compañero de trabajo que he tenido en la vida–, Fabio Di Tomaso, Maria Alché, Ignacio Rogers y Manuel Fanego.
–¿Y cómo es compartir el escenario con Manuel?
DF– Imaginate. Fue una felicidad enorme que lo hayan elegido para hacer el personaje de Juan.   
LM –Para mí, es muy importante compartir esta tarea con gente más joven y es casi un deber reconocerles su talento. Cuando yo empecé, uno trabajaba con sus mayores, en cine, en teatro y en televisión; y cuando ellos te reconocían, era un orgullo. Hoy intento hacer lo mismo con los que vienen atrás, porque esto es un camino y hay una cierta continuidad. Me encanta cuando encuentro actores jóvenes con talento y pasión por lo que hacen.


Una relación erótica
–Si tuvieran que definir el teatro con una palabra, ¿cuál sería?
DF: –Erótico. Es tremendamente erótico, y es una sensación de placer maravillosa que se completa con el público. Un espectáculo necesita la respiración del público para poder, también, respirarse a sí mismo. Es por eso que, muchas veces los espectáculos se estrenan y a los diez días se asientan, porque es el aire del público el que termina de asentar el aire del comediante.
LM: –Es cierto. Muchas veces he descubierto ciertos mensajes del texto gracias al público, porque los escucho reírse o porque se produce un silencio y entonces pienso: "¿Qué pasó? Ah, claro, tienen razón; se ríen o se quedan callados por tal cosa que en la que yo no había reparado." El teatro es eso: la comunión del público y los actores. Es un hecho vivo, sin red. Por eso, siempre se dice que cada función es única.    


Levantan el telón

El león en invierno estrenó en el teatro Regina-Tsu. Santa Fe 1235 y tendrá funciones los sábados a las 21 y los domingos a las 20. Dirigida por Pompeyo Audivert, completan el elenco Sergio Surraco, Fabio Di Tomaso, Ignacio Rogers, Manuel Fanego y Maria Alché.

*Entrevista publicada en el diario Tiempo Argentino.

 

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