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La pinta es lo de menos


Tendencia que crece: los antihéroes desplazan a los ganadores de siempre y copan la pantalla.

Por Jésica Neuah

En algún momento a lo largo de la historia televisiva, alguien lo entendió: los antihéroes también podían ganar y dejar un cierto gustito a revancha en los paladares de los espectadores. Pasa en Argentina, pasa en el mundo entero. Y esta tendencia ha ido en aumento en estos últimos años.

Por el contrario de lo que se creía tiempo atrás, los "aislados" -esos chicos que aparentaban no tener vida social alguna-, son más consumidos por el televidente y generan un mejor nivel de audiencia, aún mayor que aquellos adolescentes superficiales que sólo desean la popularidad que brinda reinar en el colegio secundario, o el reconocimiento laboral que pone a los adultos en un podio dentro de las oficinas.

Estos nuevos programas -inspirados en el éxito conseguido por la telenovela colombiana Betty, la fea-, se concentraron en los miedos, los traumas y la vergüenza que atraviesan a diario los "losers", esos antihéroes que no suelen ser bellos ni exitosos, pero que tienen buen corazón. Un ejemplo cercano en el tiempo es Patito feo, la serie infanto-juvenil en la que un grupo de chicas "divinas" le declaraba la guerra a las perdedoras. "Todos saben quién manda en este school, porque nosotras somos gente cool", entonaban las malas en cuestión al momento de marcar territorio. Del otro lado, la poco agraciada Patito se ganaba la simpatía del público a fuerza de bondad y algo de torpeza.

Algo similar sucede con Ciega a citas, la tira que refleja las desventuras de una treinteañera algo gordita y alejada de los parámetros estéticos reinantes, pero que no se rinde en su intento de conseguir al hombre ideal para ganar una apuesta. Del mismo modo, el unitario Para vestir santos tiene a sus tres protagonistas dándole batalla al patetismo y el temor a la soledad en un mundo que parece no haber sido creado para ellas.

Pero quizás sea Juan Perugia (Gastón Pauls) el héroe más antihéroe de todos los tiempos. Es que, en Todos contra Juan, la serie que va por su segunda temporada en la televisión abierta, queda bien en claro lo efímero de eso que la sociedad llama "éxito".

Como la moda de los "losers" está en todos lados, el mundo se sube al tren del "péguele al winner" y se despacha con series masivamente populares como Glee, entre otras. Este show, ganador del Globo de Oro al mejor programa musical, cuenta la vida de un grupo de chicos inadaptados y talentosos que quieren formar un coro para competir con otros colegios y "salir de perdedores" de una vez por todas. Así, las porristas y los jugadores de fútbol americano pasan a un segundo lugar, desplazados por los "aislados", esos por los que, años atrás, nadie hubiera apostado.

La forma de abordar esta "problemática" de los perdedores suele ser divertida y ácida, y a veces cae en situaciones reconocibles que llevan indefectiblemente al espectador a reflexionar. En otras oportunidades, las hilarantes ocurrencias de los guionistas dejan disfrutar de una venganza fría hacia los "winners", esos que -hasta ahora- siempre se salían con la suya. Y por eso será que, así como cambia la tele, también lo hace el gusto de un público deseoso de que, al menos una vez, ganen los perdedores.

 

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